Una experiencia en Honduras

14 Febrero 2011, por Bas en Voluntarios en acción, Voluntarios en acción

Esta descripción del trabajo voluntario en Honduras fue escrita por Karen van de Vis.

El 17 de octubre del 2010 llegué a El Progreso y para alguien que no ha viajado muy frecuentemente fuera de Europa, fue impresionante ver aquel rostro totalmente distinto de aquella ciudad tan pobre. Casi no hay caminos pavimentados, muchos techos están hechos de lámina, cables de electricidad que parecieran colgar por todas partes y, sobre todo, mucho ruido y muy fuerte y, claro, el calor: un calor pesado y húmedo.

Hace ya como 3 meses que llegué a Hogar Suyapa. Un montón de bracitos que se extendieron y se aferraron a mí. ¡¡Me cautivaron inmediatamente, son un encanto!! Pequeñas personitas con su propia gran historia. Ana, la directora de Hogar Suyapa me ha contado en los últimos meses muchas cosas sobre el pasado de estos niños. Historias que han hecho asomar lágrimas a mis ojos. Historias que van de abandono y desnutrición hasta serio abuso (sexual). Es impresionante ver lo luchadores que son estos niños.

A pesar de su terrible pasado son muy alegres y tienen una gran resistencia y sentido del humor. La ‘casa hogar’ no es el típico ‘asilo’ como lo conocemos en la televisón (pienso en el musical ‘Annie’). Con los cariñosos tutores y el capacitado personal con el que cuenta, pareciera más bien como si llegaras a una enorme familia.

Trabajé en las mañanas en el centro de nutrición. Muy impresionante y, sobre todo, preocupante sentir que se padece tanta hambre en este país. En el centro se ofrece ayuda a niños con serios problemas de desnutrición. En el corto período en el que pude ayudar me dí cuenta la enorme diferencia que puede significar dos semanas de nutrición adecuada. Increíble como un niño se recupera rápidamente, tanto física como mentalmente cuando está bien alimentado. Con gran entusiasmo jugué, acaricié, alimenté y cambié pañales (de esos de tela del que un gran envío se sale por todos lados, ¡esto para que tengan una idea clara!).

Con mucha dificultad y seguramente unas cuentas lágrimas, tendré que despedirme dentro de poco de estos encantadores niños (y uno que otro bribón), de la bella gente que me recibió con los brazos abiertos en El Progreso y en Honduras. Esta experiencia es muy enriquecedora y espero poder regresar en el futuro para ver cómo han evolucionado los niños

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