Los sin nombre

17 Octubre 2010, por Laura en Voluntarios en acción

Ultimamente he estado preparando un programa de patrocinio o “apadrinamiento” para los chicos de Proniño. La fundación está pasando por un momento muy duro y se necesitan donaciones, así que se ha tomado la decisión de buscar patrocinadores.

En mi último viaje a Honduras me puse como meta fotografiar y anotar información sobre algunos de los niños. No me podía concentrar en el trabajo, porque tenía muchísimas ganas de ver a los chicos y pasar tiempo con ellos. A pesar de esto, me senté con 26 de los chicos, les hice unas mini entrevistas en vídeo y unas fotos.

Mientras trabajaba en las entrevistas me di cuenta de que había algo que me estaba molestando. Me acababa de sentar con uno de los niños más dulces para hacer el vídeo. Tiene 15 años y es feliz y confía en si mismo. No le conocía desde hacía mucho, porque el niño era relativamente nuevo en la fundación. Empecé la entrevista y la primera pregunta era simplemente decir su nombre y apellidos. Al hacerle la pregunta me respondió con un nombre diferente al suyo. Me reí y le dije que tenía que darme su nombre de verdad. Me miró con seriedad y me dijo que el nombre que usa ahora no era el nombre que le dieron al nacer. Fué abandonado y llevado a un orfanato cuando era un niño pequeño, y, al no saber su nombre real, le dieron otro. Años después consiguieron su certificado de nacimiento y averiguaron su nombre real. Le dije que entendía y continué haciéndole preguntas hasta que acabamos la enterevista.

Después de este incidente me sentí fatal. Parece que a veces me olvido para quien estoy trabajando realmente. Conozco a estos niños, a los que amo con locura, pero se me olvida lo mucho que han sufrido en sus vidas. Cuando los conozco ya están en el centro, donde están seguros y les dan todo lo que necesitan. Pero se me olvida. Se me olvida lo que han pasado, y las cosas horribles que les han sucedido a lo largo de sus vidas y lo importante que es este lugar.

Es importantísimo que se les dé esta vida, esta oportunidad de seguir adelante y que no se les deje atrás, abandonados en las calles. Cada niño tiene una historia única y terrible. Este chico no había sufrido abusos sexuales ni había sido drogadicto, como muchos de los chicos del centro. Pero tenía su propia historia terrible. Había sido sencillamente abandonado a su suerte y su vida era ir de un centro a otro.

Muchos de los niños no conocen sus cumpleaños, y eso siempre me ha parecido una cosa terriblemente triste, como un maltrato más por parte de sus padres. Pero a este niño no le quedaba ni el nombre.

Esta fundación no acoje a niños que ya tienen un hogar y una familia que cuida de ellos. Es el hogar de los niños olvidados que nadie más quiere cuidar, los niños que de otra manera serían abandonados sin ningún futuro. De repente, simplemente preguntandole a este chico su nombre, mi dedicación a esta fundación ha crecido. Y solo puedo esperar que no me permitiré olvidarla nunca más.

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